Para el grueso de la población occidental, Obama representa una gran esperanza. Ven en él la persona que puede cambiar a la política internacional de los Estados Unidos, después de la belicosa e intervencionista de Bush. Las guerras cesarán y en los países invadidos, los militares norteamericanos regresarán a su patria.

 

Es el imaginario de la mayoría de los occidentales y todo por ser negro el nuevo presidente norteamericano. Para ellos, representa un cambio trascendental y,  piensan, que traerá ingentes beneficios a resto de países.

 

Para los norteamericanos, representa salir de la crisis económica, más empleo, mayores ingresos y la recuperación del anterior nivel de vida. Un poco más de énfasis en lo social y algo que para ellos, es muy significativo: recobrar el respeto que las demás naciones deben tener a los Estados Unidos.

 

 Con la economía postrada, el principal objetivo inmediato es alentarla, recuperar los mercados y la industria, de ello depende su futuro inmediato. Aquí, se la juega toda Obama.

 

En el campo externo, la política variará muy poco, sin embargo habrá más hincapié en el respeto por los Derechos Humanos y las intervenciones armadas serán menores, pero donde vean que los intereses norteamericanos peligren, la mano de le temblará para defenderlos a cualquier precio.

 

Latinoamérica, salvo el aspecto mencionado de los Derechos Humanos, el accionar de la política Norteamericana será similar. Ya, Obama, en unas declaraciones recientes, señaló, que el gobierno venezolano puede ser un problema y que su tratamiento no será muy amigable.

 

En pocas palabras, del nuevo "emperador" de los Estados Unidos, es imposible creer que vendrán cambios profundos, aunque este sea negro. Él representa los intereses de su nación, sin importar el color de su piel.