Al verla de lejos causa lástima, nos embarga cierto dolor por las personas a quienes acompaña todos los días y a muchos por generaciones. Siempre han sentido su presencia, ya son como amigos, aunque les cause muchos males.

Al verla de cerca, aterra a quienes la ven por primera vez y tienen sensibilidad social. Aunque existen otros que no les importa, es casi invisible o forma parte del paisaje citadino o rural.

Es la miseria o como dicen otros la indigencia. Mirarla a través de las cifras no es tan amenazante, pero al enfrentarla cara a cara, el panorama es totalmente diferente, palparla, ver las niñas, niños y adultos que la padecen es sencillamente escalofriante, sus manifestaciones más sobresalientes son:

  • Casas con paredes de cartón, Niños, niñas y jóvenes sin educación Familias sin asistencia médica y hospitalaria en caso de enfermedad No tienen las tres comidas diarias, y cuando las tienen son escasas de proteínas y abundante en carbohidratos Niños y niñas con vientres abultados y famélicos, por el parasitismo y la escasez de alimentos Calles sin pavimentación, por ello cuando aparecen las lluvias se llenan de lodazales. Habitan en zonas de alto riesgo, como viven en las laderas, el invierno causa deslizamientos que arrasan con sus habitaciones y muchos pierden sus vidas

Había 71 millones de personas, en la miseria en Latinoamérica, en el 2006, según los datos de la CEPAL, siendo una cifra bastante alarmante, pues son personas que tienen ingresos inferiores a un dólar diario. Con ese dinero tienen que sobrevivir toda una familia.

Es un horror, si pensamos que una persona en un restaurante exclusivo, por una cena paga $100 dólares o más, que equivale al ingreso de diario de 100 familias en estado de miseria.

A mí me causa dolor y horror la situación de miseria de 71 millones de personas, sobre todo que no están lejos de nosotros, ni en África, sino en un barrio cercano a nuestro hogar.