Las bestias deben perdonarme la comparación, pero no encuentro otro adjetivo más preciso. Porque las palabras soeces son benignas para calificar su comportamiento inhumano y antisocial.

Llegaron como conquistadores desalmados a la tribu indígena Awá, que vive en las entrañas de la selva Nariñense en Colombia. Vestidos de camuflado y armados hasta los dientes, los integrantes de un grupo de las farc comenzaron a calificarlos como informantes del ejercito, los amenazaron con arrasar su pueblo y asesinarlos, desconociendo que la mayoría no entienden el español.

Separaron a un grupo de veinte indígenas, compuesto por hombres, mujeres y niños y se los llevaron con ellos.

Noticias posteriores, dadas por autoridades Awá, señalan que al menos 8 de los indígenas secuestrados fueron asesinados a cuchillo por las farc, del resto no hay indicios de su paradero, y es probable que hallan corrido igual suerte.

Ello produjo un éxodo de la tribu, son cerca de 200 Awás que engrosan las filas de los desplazados colombianos. Ellos dejan atrás su entorno natural, su modo de vida, su modo de vida, para sufrir en las ciudades hambre, enfermedades, desarraigo y aculturización.

Las farc detrás de la máscara ideológica marxista y socialista, hay que decirlo con claridad es solo un disfraz, cometen atropellos, etnocidios, terrorismo, secuestro, desplazan campesinos, trafican con drogas, destruyen pequeños poblados, también asesinan indígenas salvajemente, reclutan a niños, niñas y jóvenes para la guerra, que sacan obligados de sus hogares, y todo esto lo hacen contra el pueblo que dicen defender.

No son una guerrilla revolucionaria, de ello solo queda el discurso, que les sirve para esconder sus actos delincuenciales, y tratar de ocultar que son, en el momento, uno de los principales carteles del narcotráfico mundial.