Matilde Espinosa
De arenas movedizas
y recia mansedumbre
la mujer es presencia
en todas las edades.
La nublan los ocasos
y los amaneceres tristes
con la dulce tristeza de los niños
que atrapan la mariposa
y la ven escaparse de sus manos.
En su angustia
los ahogados las buscan
desesperadamente y ellas
maternales o amantes
les confortan los pasos
y borran la tiniebla
que les cubre los ojos.
Son las mismas
que espantan oleajes
y ven perderse en la bruma
los seres y las cosas
más amadas y deseadas.
Son las mismas
que en las más altas noches
dialogan con los astros
y sienten el estupor
de los “ayes” cautivos
y el obstinado vuelo
que rescata los sueños
sin el límite oscuro
de las paredes blancas.
El recién desaparecido poeta, Mario Rivero, opina de Matilde Espinosa: “Con osadía y originalidad, insumisa a cánones y a género, Matilde Espinosa rompe los hierros de la jaula femenina, y se orienta con toda naturalidad hacia otros polos de mayor aliento, de mayor importancia intrínseca. Accede incluso, ya de sus inicios, a esa otra arquitectura musical del verso, desde su propia ley rítmica moderna, comportando así, estilísticamente, valores y aprendizajes más altos y de mayor universalidad.
Como figura estelar de la poesía colombiana, Espinosa se abre a la cultura del mundo, sin jactancia, pero sin complejos. Capaz de construir un razonamiento filosófico y, a la vez, de entregarse a esta gran pasión de su vida, a la que le rendiría todo: el absorto idioma de la poesía; pero asumida como acto de reflexión, como forma sensible del pensamiento, no como el ornato o distracción, que azulaba por entonces los oscuros contornos del gueto femenino. Desde el horizonte colectivo de aquel su primer libro, de frente al duro espejo de la realidad que nos aqueja, con la pena de la primera violencia colombiana al fondo, su palabra, solitaria, se alza como la forma más acabada y limpia de protesta. Y no de un modo programático, sino desde la emotividad más profunda. Convocando las imágenes con sabor a sangre, de aquellos perdidos caseríos cuando los ríos de la patria acrecían su caudal por las masacres, y el aullido de la tragedia era una tensa sirena que alertaba el aguijón de las venganzas……..
Catorce libros de poesía publicados han dado su justo lugar a Matilde Espinosa dentro de las letras colombianas. Más allá de los comunes comportamientos femeninos nacionales, propone a nuestra poesía femenina una visión más honda y reflexiva, un cambio de actitud de la mujer poeta, ante la poesía (desde aquella fecha de 1955 mencionada), y ya en una plena anulación de la posible diferencia, dando a su poesía el sentido de la gravedad de la palabra.”


2 comentarios
abril-ale 16 abr 2009 | 07:44 PM
Las mujeres sabemos ser un remanso de paz, un oasis en el desierto, un rinconcito tranquilo donde descansar. Pero igual sabemos ser firmes, luchadoras, fuertes y de vez en cuando irreverentes.
Interesante la opinión del desaparecido Mario Rivero, sobre la poetisa Matilde Espinosa. Buscaré más trabajos literarios de Matilde en la red. Gracias por darla a conocer y compartir su trabajo.
Un billón de abrazos.
merce-hola 17 abr 2009 | 11:54 PM
Feliz fin de semana :-)
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