Hoy levanté mis sueños

y tus manos

siguen porfiando en mis caderas

que se mueven y deslizan sin dueño,

de pronto recordé

hoy quiero cambiar.

La piel ya no duele en esta muerte,

no cesa,

sin embargo la necesito

para mirar a través de el.

Doy un giro de todas maneras.

Soy insensata en mis sentimientos,

eterna en mis ardores.

Encuentro mi punto.

Acaricio el extremo latente

de tus extensiones,

siento mi boca seca que ya mojó en el aire

y la excitación perdura más en la piel

que en el tiempo,

no hay espacio sin descubrir

todo lo penetra

todo lo domina

que me rinde más ciega que exhausta

y yo, sigo

con esta frenética sensación de morir llorando.

 

Fuente: A media luz