La crueldad humana no cesa, parece que fuera innata a su naturaleza. Lo denunciado por el senador indígena colombiano Piñacué , el pasado 2 de junio en el recinto legislativo, me dejó atónito, asombrado y con un dolor enorme en el alma. Creía que ese tipo de actos eran cosa del pasado, algo relegado en las historias negras de la especie humana, empero se registró en una zona selvática del sur de Colombia, contra una indígena de la etnia Awa.

 

Piñacué, con otros indígenas fueron en busca de los restos mortales de los indios Awa que fueron masacrados por la farc, que sumaban cerca de 20, entre hombres, mujeres, niños y niñas, porque los consideraban auxiliadores del ejército.

 

Los indígenas, según la versión del senador indígena, le relató, que una de las indígenas que estaba con cerca de nueve meses de embarazo, le cortaron el vientre, con saña, crueldad y sangre fría, las bestias humanas le arrancaron el feto y después lo arrojaron para que los perros que los acompañan lo destrozaran y saciaran el hambre. .....Piñacué no precisó si la mujer estaba viva o muerta cuando esto sucedió.

 

Mis pensamientos se nublan ante tan descomunal tragedia, es inconcebible que un ser humana cometa esos actos y menos de aquellos que dicen ser defensores del pueblo colombiano.  Es un hecho repudiable, sin importar quién lo cometa.

 

El senador también hizo referencia a los atropellos que cometen los actores armados contra la población indígena, farc, elen, fuerzas del gobierno y paramilitares, pero este asunto lo trataré en otro artículo.

 

Solo pretendo, que denunciando los hechos como los descritos, que seamos conscientes que la guerra lleva a que los humanos nos convirtamos en seres despreciables, y por ello debemos evitarla.