Si acaso muero con la muerte que todo deseo lleva en su cartera
y dejo de ser agua en tus manos de la lluvia fecunda de la noche,
del aceite en que tu piel alumbra el incendio.
Si dejo de ser, sereno y recogido,
entregado a ti entre las sábanas,
el hilo, la urdimbre prendida de tu sueño,
el que aligera el alba de la vigilia de tu cuerpo,
el que sabe de tu condena de insomnios
y te hace al fin de esta cadena,
entramada a mis crines,
engalanada de festejos
y de todo lo que en la fronda de tus recuerdos
mis dedos adivinan en tu carne.
Si es así el final de tu deseo,
sé que tendrás días abiertos de pájaros cautivos,
lagartos azulados movidos por el sol y por los astros,
que en la quemazón de la penumbra
todavía pregunten por mi.

Autor: Fernando Sarria

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