"Cada 15 segundos, una mujer colombiana es maltratada; cada tres días, una es asesinada por su cónyuge; una de cada cinco niñas ha sido abusada sexualmente; y en un solo día, 100 mujeres son golpeadas físicamente por su pareja", son algunas de las cifras del maltrato intrafamiliar y el abuso que existe contra las mujeres en Colombia, según lo denunció el programa "Mujeres en línea" de la televisión.

Es una radiografía espantosa de la cotidianidad de las mujeres colombianas; los datos no paran ahí: el 80% de la población es afectada por la violencia y existen más de 3 millones de personas desplazadas por causa del conflicto armada que sufre la nación.

La situación es desgarradora, ante todo para la mujer, quién se convirtió en una arma para los actores armados, los que emplean la violación como una forma para desmoralizar, infundir terror y amenazar a sus contrincantes.

El panorama social para la mujer colombiana es complejo, en especial, para la campesina, trabajadora y de bajos ingresos, sin dejar de lado todo el abuso oculto que existe en las capas medias y altas, donde el maltrato, por lo general es sicológico.

Las raíces del fenómeno son múltiples, en nuestro medio, para muchos "el castigo educa", por consiguiente cualquier diferencia es resuelta castigando al dominado; por ello según esta concepción, aplicada a la mujer y a los hijos, quién comete un error, es castigado por el dominador, el hombre llámese esposo o padre.

Esa cultura machista, lleva a que la mujer es considerada, como un ser inferior, propiedad del hombre y debe servir al hombre, cumplirle todos sus deseos y ser un objeto sexual. Debe estar dispuesta a complacer al hombre cuando él lo disponga y frente a una negación a sus caprichos es castigo es su premio.

La familia cumple un papel fundamental en la reproducción de esta esquema social, frente a la violencia, las madres, educan a sus hijos varones para sean fuertes, recios, "duros", belicosos, dispuestos a enfrentarse a todos y contra todos, sin importar los medios, deben ser leales y defender a la familia y sus amigos; mientras tanto la mujer debe auxiliarlos y serviles de sostén familiar y sentimental; creando y perseverando un círculo perverso de violencia y solidificando la relación dominante dominado.

Ello en el ámbito de una relación de pareja, el esquema se reproduce, en la que uno, el hombre, es el agresor y el otro el agredido, la mujer. Aquí, la mujer acepta la posición de sumisa, obediente, como le inculcaron en el hogar, pero lo hay ahí no es amor sino miedo.

Por ello la mujer, debe salir de ese circuito de dominante - dominado, cultivar su autoestima, considerase un ser independiente que puede construirse su individualidad sin el hombre, dejando de ser sumisa y también saber cuando ser amorosa y dulce con su pareja, sin dejarse maltratar y abusar.

Desde el hogar, deben impartirse los valores de respeto, hacia la mujer, dejándose claro que la mujer es igual que un hombre, que no es propiedad del macho y está para servirle, como un esclavo, a sus caprichos.