La mayoría de las personas creemos que la esclavitud desapareció hace muchos años, que todos los hombres, mujeres, jóvenes, niños y niñas gozan de libertad, pero que lejos de vivimos de la realidad; ahora en pleno siglo XXI, hay muchas formas de someter a otros y convertirlos en esclavos, a que sean siervos de la tierra sin pago, esclavos sexuales, niñ@s esclavos, etc.

En el caso de Latinoamérica, como para colocar un ejemplo, una parte de la población campesina sufre, desde hace muchas décadas, formas aberrantes de esclavitud y servidumbre; Colombia, Ecuador, Bolivia, Brasil, por enumerar algunos países, a los campesinos sin tierra, se les da un pedazo de terreno, unas semillas, pocos abonos, para que cultiven, pero la cosecha debe ser compartida con el patrón o gamonal, en donde la menor parte, es para el peón.

Este intercambio es tan desigual, que las semillas, abonos, herramientas deben ser compradas por el campesino, a los precios desmesurados que coloca el terrateniente y que luego son descontados del valor de la cosecha; es importante acotar que los precios de compra los coloca el gamonal , y el tiene una pesa amañada para que arroje un peso menor.

Y como lo anterior, no fuera suficiente, muchos campesinos deben trabajar en los terrenos del patrono, sin recibir un salario por el desempeño de sus labores, siendo las mujeres quienes más sufren en este sentido, pues no solo deben hacer labores en el campo, sino además atender los oficios domésticos en la hacienda donde reside el gamonal.

Los terratenientes consideran que los campesinos nacieron para serviles, son seres inferiores, por ende, deben ser tratados como tales.  Aquellos que están en su área de influencia, no les permiten estudiar, son flojos, brutos, solo nacieron para trabajar y ellos para mandarlos.

Solo, a través de la lucha social, unidos en busca de mejores condiciones de vida, los campesinos podrán salir la postración y explotación que han sido sometidos.