La sangre tiñe de rojo las aguas, entre llantos, gritos y agonía de los delfines, mientras sus asesinos con matan con lanzas y garfios.

La matanza es calculada fríamente, cuando ven un banco de delfines, los "pescadores" japoneses, con bastones metálicos golpean el mar, para asustar a los delfines y conducirlos a la estrecha bahía Taiji, cuando son acorralados, la matanza comienza.  Los delfines más jóvenes y atractivos son apresados vivos, para luego venderlos a los parques de diversión acuáticos, del Japón y el resto del mundo.

Una treta para asesinarlos es herir algunos, sabiendo que los delfines no abandonan a los que sufren, pero ese sentimiento noble de solidaridad solo los lleva a la muerte.

En las Islas Feroe de Dinamarca, los delfines Calderones, son muy amistosos y se acercan a los humanos por curiosidad, sin embargo, en los hombres jóvenes cuando comienzan la edad adulta, los masacran como una forma de celebrar ese acontecimiento y su virilidad.

Las matanzas de los delfines ocurren a lo largo y ancho del orbe, su carne es vendida como alimento y los jóvenes para los parques de atracciones.

Cada año son muertos más de 20.000 mamíferos acuáticos (delfines, marsopas, pequeñas ballenas), ante los ojos cómplices de la comunidad internacional, parece que impera más el lucro que llevar, poco a poco, a estas especies  a la extinción. Por ello, debemos manifestarnos en contra de las actividades que propugnan por la matanza de esos animales.

Si eres una persona demasiado sensible, por favor, absténgase de ver el siguiente video: