Mi esposa me ha confesado, en un arrebato de sinceridad, que ha

conseguido un amante en sus sueños. Al principio no le presté

atención, pero mis recelos comenzaron cuando empezó a hablar

dormida y soltó una larga retahíla de palabras amorosas. Luego

empezó a gemir.

Ahora pasa poco tiempo conmigo. Llega del trabajo, come algo ligero y se va a dormir.

Insomne, la veo ser feliz.

 

Autor:  Alejandro Ramírez Giraldo