Escuché la noticia, no podía creerlo, en un momento pensé que era una equivocación y solo era un ilustre homónimo desconocido y que sus obras eran poco visibles para el grueso de la población.  Pero la realidad me dio una bofetada y me despertó: Barack Obama, presidente de los Estados Unidos, era el nuevo premio Nobel de la Paz.

La sorpresa corrió a lo largo y ancho del mundo, la trayectoria de Obama para conseguir el Nobel es poca, muchos otros registran una mayor, hasta el momento su obra solo son intenciones sin un logro que amerite tal distinción.

Obama es presidente de uno de los países más belicistas de la historia, llenando de dolor y sangre a muchos pueblos, solo baste recordar a Afganistán, Irak, para citar los más recientes cuyos conflictos siguen vivos.

Los jurados del premio, es posible, que Obama es la esperanza para frenar el ímpetu guerrerista de la clase política y empresarial estadinense; con ese premio a cuestas su presidente será más cauto a la hora de tomar una decisión para atacar a otra nación.

Es necesario, que las determinaciones políticas y económicas significativas, en los Estados Unidos, se toman teniendo en consideración dos elementos: los intereses del país y lo que la opinión de la gente sobre determinado asunto. En otras palabras, la política internacional está supeditada a la interna.

Una de  mis pesadillas, sería ver a un premio Nobel de la Paz declarando y conduciendo una guerra, con todas mis fuerzas espero que ello no pase.