Cuando escuché el segundo disparo me asomé instantáneamente a la ventana y presencié, enardecido, cómo un hombre se ensañaba contra un perro callejero. Salí corriendo, pero cuando llegué a la escena del crimen ya el perro yacía exánime y el hombre se había fugado.

En ese preciso instante se acercó un perro ladrando, adolorido, sugiriéndome que lo siguiera. Salí tras él, corriendo, sintiendo un odio irracional. Al doblar una esquina lo vimos sentado en un banco, acariciando su revólver, en una actitud de malvado regodeo. Cuando volvió la mirada, ya el perro y yo caminábamos, indiferentes, y pasamos a su lado sin mirarlo.

Alejandro Ramírez Giraldo

Medellín Colombia

 

FUENTE: Cuentos y Minicuentos