El Dr. Mukwege decidió salir a la luz cuando una mañana un padre destrozado le llevó a una niña de tres años a la que habían violado. "Le habían disparado en todas partes. No había nada que se pudiera hacer por ella", afirma. "El padre empezó a golpearse la cabeza contra una pared, gritando que no había sido capaz de proteger a su hija. Después supimos que ese hombre se suicidó".

 

Ese mismo día, vio a una mujer de setenta y dos años a la que habían violado delante de su yerno, una relación que se considera sagrada en la cultura congoleña. La mujer dijo: "No me cure, no me cuide. Nunca podré volver y mirar a la cara a mi yerno. Déjeme morir aquí, simplemente no me dé de comer". "Me di cuenta de que tenía que hablar", afirma el Dr. Mukwege.

 La violación como estrategia bélica no sólo daña a la persona afectada sino que devasta a toda la comunidad. Entre las consecuencias físicas de estos actos se encuentran los embarazos no deseados, la adquisición de infecciones de transmisión sexual, entre ellas el VIH, lesiones genitales, hemorragias o incapacidad para concebir durante el resto de la vida.

 

Asimismo, en muchos conflictos las violaciones se producen ante la familia, el marido, los hijos, que son obligados a mirar y a sufrir lo que le hacen a su ser querido sin poder evitarlo. El trauma por lo vivido, en este caso, es casi imposible de olvidar.

Pero la situación puede ser aún peor, cuando los violadores utilizan cristales, palos, barras y machetes para, además de violar, provocar un daño irreparable a los genitales femeninos.

En muchos casos, las mujeres quedan tan tocadas psicológicamente que son incapaces de cuidar a sus hijos, sienten tanto miedo que no se atreven a moverse de la cama e, incluso, pueden llegar a ser rechazadas por sus esposos.

Ante esta realidad, 'PLoS Medicine' pide a toda la comunidad médica y política que denuncien esta atrocidad, que no siga siendo cómplice de actos tan brutales. "Hablar de ello es lo menos que podemos hacer", concluye el doctor Mukwege. 

 

Tan sólo en el conflicto que desde 1991 se vive en la República Democrática del Congo fueron violadas más de 500 mil personas, en su mayoría mujeres y niñas, aunque algunos hombres tampoco se han librado del trance.

 Tras descubrir los "campos de violación" en la extinta Yugoslavia y después de conocer el genocidio de Ruanda, donde otro medio millón de mujeres fueron violadas, este tipo de accionar inhumano ha continuado en los recientes conflictos como los de Bangladesh, Burma, Colombia, Liberia, Sierra Leona y Somalia.

"Esta pandemia de violencia sexual es obscena y extremadamente salvaje", escribe en las páginas de ‘PLoS' Stephen Lewis, ex enviado especial de la ONU para luchar contra el VIH en África, quien comprobó "in situ" lo que el denomino como "feminicidio".

 Denis Mukwege, fundador del hospital Panza del Congo, trata a diario a más de una decena de mujeres sobrevivientes a una violación. "Es la monstruosidad del siglo", y lo peor, es que se desarrolla impunemente ante la supuesta ignorancia de las autoridades.

 Lamentablemente la publicación señala asimismo que el Tribunal Penal Internacional no incluye los cargos de violencia sexual a la hora de juzgar crímenes de guerra en cualquier lugar del mundo.