En el funeral de las víctimas del carguero La Coubre, entre los asistentes estaba el fotógrafo de modas Alberto Díaz Gutiérrez, más conocido como Alberto Korda, era por decirlo de algún modo el fotógrafo oficial de la revolución cubana.

Al evento también asistió el joven presidente del banco central de la isla, Ernesto Che Guevara, quién estaba enfundado en su chaqueta y tenía puesta una boina, al que le tomó una foto con Leica y lo congeló en el tiempo.

La fotografía no apareció en los diarios al día siguiente, la fue relegada por personajes como Fidel Castro y el filósofo existencialista Jean Paul Sartre, muy en boga en la década de los 60 del siglo pasado.

La fotografía memorable sería popular unos años más tarde, después de la muerte del Che en Bolivia, que lo convirtió en un mito revolucionario. Su imagen se hizo muy popular en la revuelta estudiantil francesa de mayo de 1968 y a partir de allí conquistó el mundo.

Su imagen desde esos días se asocia con la rebelión y la resistencia, aún para aquellos que no comulgan con sus ideas, convirtiéndose con el tiempo como la fotografía más reproducida en el mundo después de aquella de Marilyn Monroe, parada sobre una rejilla del subterráneo.

Korda al editarla, le quito algunos elementos a la foto inicial, es así como las ramas de las palmeras y el perfil de un periodista, fueron cortados dejando así un Che enigmático como mirando el futuro.

Con los retoques "el Che de carne y huesos se fue transformando en una idea" como lo dice el periodista Jorge Masetti; de esa forma el Che entró en el mundo de las imágenes, el que tiene una vida propia.

Esa imagen la uso Fidel Castro para defender su régimen, al notar la popularidad del Che Guevara entre la intelectualidad, artistas y estudiantes europeos; siendo colocada en numerosos espacios públicos de la Habana.

Un tiempo después, los estudiantes franceses en mayo del 68, llevaron la efige del Ché, pero era la versión del irlandés Jim Fitzpatrick que había, en cierta medida, transformado la fotografía de Korda.

De las calles parisinas, la imagen entró a los Estados Unidos, donde estudiantes radicales de Berkeley, los hippies y hasta los militantes de Poder Negro, Black Power, la hicieron suya.

A partir de allí, muchos artistas como el mítico Andy Warhol, el pintor insignia del Pop Art, crearon sus propias versiones basadas en la imagen captada de Fitzpatrick, con ello el contenido político del hombre es prácticamente borrado, dejando solo una abstracción, un imagen sin raíces políticas, históricas y sin ideología marxista.

Ese divorcio entre el hombre de carne y hueso, resulta para sus seguidores dolorosa e indignante, como lo dice Casey.

La intemporalidad y abstracción de la imagen captada por Korda, ha hecho posible que aparezcan versiones como la de "San Ernesto" de Vallegrande, al que le rezan y colocan velas, buscando que le haga milagros; el "Chesucristo" mártir, al que le rinden reverencia por morir por sus convicciones; el que usa el movimiento rockero; el que acompaña las manifestaciones anti imperialistas y antiglobalización; es utilizada para vender el vodka Smirnoff, los relojes Swatch, en su modelo Revolución; los helados australianos sacó el sabor "Cereza Guevara", cuyo lema es "La lucha revolucionaria de las cerezas fue aplastada al quedar atrapadas entre dos capas de chocolate. ¡Que su memoria viva en tu boca!".

Dentro de esa línea de mercadeo, su imagen aparece en afiches, llaveros, lápices, camisas, camisetas, gorras, barcos, pulseras, etc., es una explotación al máximo  

 Como bien lo consigna un artículo periodístico de la Nación: "Guerrillero heroico" fue durante décadas un bien de dominio público. Korda no cobró un peso por sus reproducciones. En los años 90, sin embargo, la isla empezó a abrirse al mundo y Castro firmó un tratado internacional de derechos de autor. Tras un juicio, en septiembre de 2000 el fotógrafo recibió 75.000 dólares por el uso de su foto en la campaña de vodka Smirnoff. Había recurrido a los tribunales porque aquello le parecía una falta de respeto a Guevara, que era abstemio. Korda donó el dinero al sistema cubano de salud y murió dos años después. Más celo ha demostrado Diana Díaz, una de sus hijas, quien heredó los derechos de la imagen: renunció a su trabajo en el Ballet Nacional de Cuba para dedicarse full time a los reclamos por el uso de la foto que su padre tomó un frío día de 1960. Como dice Casey en Che´s Afterlife (que se consigue en librerías Kell y, claro, en Amazon, y que The New York Times celebró como "la historia cultural de una imagen"): el famoso ícono del rebelde anticapitalista se ha convertido, en el mundo globalizado de nuestros días, en una commodity . "

Las palabras de una hija de Che, sintetiza, lo que piensan sus seguidores: "No es una imagen vacía, un icono pegado a la pared. Es un ser humano muy completo que ojalá pueda ser imitado por muchos otros seres humanos en el planeta"