"Virgencita, ayúdame en este trabajito, bendíceme estas balas para que den en el blanco, que muera rápido, sin mucho dolor.  Cuando termine el trabajito, te traeré unas veladoras y algunos pesos para ayudar a los pobres.".  Agarra con la mano un escapulario y se bendice diciendo "En el nombre del Padre, del Hijo, del espíritu Santo, amén" y termina besando la imagen de la Virgen de María Inmaculada, impresa en una de las puntas del escapulario.

Con esa oración muchos de los sicarios radicados en Medellín Colombia, buscan la protección divina, antes de salir a cumplir su macabro trabajo: asesinar a una persona.  Es su modus vivendi, matar por dinero.

Para ellos, matar por encargo, es un trabajo como cualquier otro, para eso tuvieron una exigente preparación, en armas, escapismo, manejo de motocicletas y al final pasan por una prueba desprovista de toda moral: deben asesinar a la persona que sus instructores le señalen, que puede ser cualquier transeúnte, que pase en ese momento. Si la realiza, es el inició de su carrera de sicario.

Estos personajes, provienen de las clases más pobres, quienes por falta de educación, el desempleo descomunal, las carencias económicas y afectivas, ven como única salida, entrar en el negocio de la muerte por encargo; es así como son reclutados por la delincuencia organizada, personas que quieren saldar cuentas con otro, por cualquier motivo, es decir, asesinan a quién sea, por dinero, sin hacer preguntas.

Como vienen de una sociedad de raigambre católico, y con los valores trastocados por completo, consideran que la religión los ampara a través de la Virgen para asesinar, calmando así, el poco de conciencia que aún tienen. Piensan que, como el destino de los millones que ganan es para ayudar a sacar de la pobreza a su "cucha" - la madre- y sus herman@s, la Virgen les cobijará con su protección celestial.

Es un raciocinio amoral y  un pensamiento religioso retorcido, el que le sirve de soporte al accionar de los sicarios de Medellín.