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Un total de 366 ejemplares de ballena franca austral han muerto desde 2003, según un informe del Centro Nacional Patagónico (Cenpat). El 90% eran crías de temporada. Los datos son realmente preocupantes y van en aumento: en los últimos años los varamientos han crecido hasta llegar a convertirse en un verdadero quebradero de cabeza para los biólogos y científicos de la zona.

La ballena franca austral (Eubalaena australis) tiene su hábitat natural en los mares del sur. Llega a medir hasta 18 metros y pesa unas 40 toneladas en su etapa adulta. Una ballena que se ha ganado el nombre de "franca" por su tranquilo carácter y su mansedumbre. Es un cetáceo lento, apacible, curioso y nada agresivo que se acerca en exceso a las costas y que por sus características bonachonas, ha sido desde hace siglos la presa predilecta de los balleneros, que la terminaron llamando "The right whale", la ballena correcta, la ballena fácil...la ballena franca.

Sin embargo en esta ocasión no son los balleneros y sus arpones quienes están detrás de la paulatina desaparición de ejemplares en las costas meriodionales.

 

 

Empezemos por las cifras, los fríos datos y números que esconden un drama ecológico aún sin resolver. El primer año en que los científicos comenzaron a tomar nota de los varamientos en la Península de Valdés, en la Patagonia argentina, fue 1971. Durante los siguientes cuarenta años la cantidad de ballenas varadas en las costas no fue significativa e incluso la población de cetáceos parecía incrementarse... hasta 2003.

En ese año 2003, aparecieron 31 ballenas varadas en aquellas costas. En los siguientes años el número comenzó a crecer. Dos años después (2005) ya eran 47, y seguía en aumento cada año: 83 ballenas en 2007, 95 en 2008 y 79 el año pasado, y lo más descorazonador es el hecho de que la gran mayoría de estas ballenas eran ejemplares jóvenes de menos de 2 años, según los datos de la Comisión Ballenera Internacional, CBI.

 

 

Pero, ¿Qué está ocurriendo?

Pues sinceramente, todavía no se sabe. Algo está pasando con las ballenas francas australes pero los científicos aún no tienen la respuesta.

Hasta el momento sólamente contamos con hipótesis que se están estudiando pero no son concluyentes.

La destrucción del lecho marino, la intromisión de señales acústicas submarinas, la dificultad para encontrar alimento (el krill), son algunas de las teorías que se barajan para explicar este considerable aumento de mortalidad.

El hostigamiento de las gaviotas cocineras que se alimentan de la piel y la grasa de las ballenas es otra de las ideas lanzadas desde el Instituto de Conservación de Ballenas (ICB) que desde hace diez años vigila los ataques de gaviotas a ballenas, y que arroja unos datos sorprendentes: "La cantidad de ejemplares con heridas pasó del 1% en 1974, al 77% en 2008, y muestras de esas heridas en varios de esos ejemplares muertos revelaron una relación con un proceso inflamatorio local".

Mientras los biólogos y científicos buscan la respuesta a este enigma, la población de ballena franca austral se ha reducido a unas 3.000 y sigue disminuyendo... Otra de las especies en peligro de extinción de la que deberíamos preocuparnos.

 

Por Javier Peláez.