Habitualmente tengo la sensación de que nos llenamos la cabeza de verdades sobre nosotros mismos y sobre los demás, que puede que no sean ciertas. El otro día tuve la gran oportunidad de escuchar a Mario Alonso Puig. Entre un montón de cosas maravillosas que nos contó, me quedo con su fórmula para las creencias:

Creencias = hecho real + valoración que yo hago

 

Y por tanto, según Mario, las valoraciones que hacemos, basadas en nuestra experiencia y en nuestros aprendizajes, son las que nos llevan a determinar y definir una cosa en sí misma. Siguiendo esta teoría, podríamos decir que en realidad las cosas que creemos, y que pueden ser ciertas para nosotros, no lo son para otras personas, que pueden hacer una valoración diferente.

Claro que, y siguiendo con esto, nos podríamos plantear si lo que creemos es cierto o no y, la verdad, no tengo una clara respuesta. Sí que opino que un hecho es algo concreto y real en sí mismo, pero sus consecuencias y cómo nosotros actuamos o lo interpretamos es así sólo para nosotros mismos y, por tanto, cambia la realidad.

Replantearse creencias es difícil, pero puede que debamos, antes de enfadarnos o tomar determinadas decisiones, plantearnos cómo lo estará viendo la otra persona o por qué reaccionamos o lo vemos así. Desde aquí, me gustaría proponer un chek- list ante nuestras propias creencias:

  1. Verifica: esto que creo, ¿está basado en qué hechos reales?
  2. Contextualiza: ¿en qué contexto han acontecido?
  3. Humildad: ¿cómo lo podría ver o enfocar de otra manera?, ¿qué parte de responsabilidad tengo yo?
  4. Empatía: ¿cómo lo ve la otra persona?
  5. Feed back: ¿cómo lo ve alguien ajeno?

 

Las cosas que ocurren vienen determinadas, en cierta proporción, también por lo que nosotros creemos y cómo reaccionamos ante ellas; así, si os parece bien, ¿por qué no intentarlo? Replanteemos nuestras creencias en base a esta pequeña fórmula y reconozcamos que nosotros somos parte implicada en las cosas que pasan. Puede que así veamos otro lado maravilloso de la vida que nos ayude a enfadarnos menos, desdramatizar y empatizar con las personas que tenemos a nuestro alrededor.

Cada vez más, y puede que sea sólo cosa de la edad, me gusta buscar nuevos enfoques que me ayuden a simplificar mi vida y vivir en mayor armonía con mi alrededor, ¿te apuntas?

FUENTE: AQUÍ

Publicado por Nekane Rodriguez de Galarza en Desarrollo, Valores