Alberto era un hombre imponente, de esos seres que no pasan inadvertidos. Tenía una esposa que la admiraban tanto hombres como mujeres. La vida profesional le sonreía, por sus logros y el futuro parecía estar lleno de éxitos por doquier. Todo era felicidad en su entorno familiar.

De pronto, el enemigo oculto comenzó a visitarlo. Pequeñas dolencias, que cuando uno es joven las desecha, no les presta importancia. A medida que los días pasaban ellas arreciaban y tomó la decisión de consultar el médico, quién después de muchos exámenes le diagnóstico cáncer. Si cáncer. Su espíritu comenzó a derrumbarse, pero se lo guardó para sí. El y solo él, sin su amada esposa e hija, familiares y amigos. Prosiguió su lucha hasta cuando la enfermedad lo postró en la cama y le confesó la terrible verdad a su esposa. Ya fue incapaz de trabajar, aunque su mente continuaba lúcida. No concebía que su cerebro funcionara mientras el resto del cuerpo casi desaparecía. De aquel hombre corpulento, solo quedaba un cuerpo cubierto solo de piel. Era un espectáculo dantesco, cómo amigo no soportaba verlo en ese estado.

 

Al fin, luego de una larga y penosa y dolorosa, no muy dolorosa enfermedad murió.

Este recuerdo, me acompaña y cuando vuelvo sobre el me devasta. ¿Sería un buen camino para él, la eutanasia?, ¿La eutanasia asistida y consentida, es un camino válido para las personas?

Colocó a su consideración dos videos, el primero muestra una eutanasia asistida y en el segundo la posición del Papa actual, cuando era cardenal.

 

 

 

En una próxima entrega, consignaré otros elementos de juicio sobre la eutanasia.

 Enseguida la posición de la iglesia católica

 

 

ESPERE LA SEGUNDA PARTE