Esa parte nuestra que nos incomoda
A veces afloran a nuestra cabeza una serie de pensamientos que nos hacen sentir culpa, desasosiego, vergüenza o debilidad. En ocasiones, tomar contacto con esa zona de sombras nos hace sentir como auténticos "monstruos". Conviene aceptarla porque forma parte de nuestra personalidad y naturaleza humana.
¿Alguna vez se le ha pasado por la cabeza cometer una infidelidad al estar ante una persona que le resulta muy atractiva, poco menos que irresistible? ¿O llevado por el resentimiento, ha fantaseado con la posibilidad de vengarse de alguien causándole adrede un perjuicio? ¿Todavía se pregunta cómo ha sido capaz de dejar de lado a aquella persona que una vez amó?.
Existe una clase particular de ideas y sus sentimientos asociados que nos remuerden, nos atormentan y causan malestar, y que guardamos con máximo celo, en los rincones más oscuros de nuestra mente. No nos atrevemos a exteriorizarlos debido al temor a que nos juzguen y consideren "malas personas".

"Son muchos los sentimientos vergonzosos que podemos almacenar en nuestra mente, desde desear que un familiar anciano abandone ya este mundo, o evitar la mirada frontal de un minusválido en silla de ruedas, hasta sonreír afectadamente ante los hijos malcriados de un amigo o fingir en los funerales de un conocido", señala el psicólogo y escritor Francisco Gavilán.
El autor de ‘Todas esas amistades peligrosas', se pregunta: "¿Quién no ha pensado alguna vez, aunque fuera fugazmente, en lo que heredará cuando muera un familiar? ¿Quién no ha sentido también envidia ante el éxito ajeno? ¿Y qué decir de la persona que enviuda y que no llora tanto por la muerte del cónyuge como por la soledad o precariedad económica que éste le ha dejado...?.
"Son muchos, pues, los sentimientos inconfesables que pueden asaltarnos. Dado que estos sentimientos son innatos, el psicólogo evolutivo Dylan Evans, de la Universidad de Bath, en el Reino Unido, se pregunta: ¿por qué invertimos tanto tiempo en negarlos?, prosigue Gavilán.
REPRIMIMOS NUESTRAS SOMBRAS PSICOLÓGICAS.
Para este experto en autoayuda, "la posible respuesta a la pregunta anterior suscita un nuevo interrogante: ¿reprimimos la expresión de estos sentimientos vergonzosos para creernos y hacer creer a los demás, que somos buenas personas?.
Para que cada uno tome consciencia de sus propios sentimientos y deje de atormentarse por la culpabilidad o la vergüenza, este psicólogo aconseja adoptar algunas medidas, como "evitar los esfuerzos que hacemos por proscribir estos procesos mentales de nuestras conversaciones, ya que hablar o reírse de ellos mitiga la mala consciencia y nos libera de la culpabilidad".

El psicólogo aconseja en la publicación especializada ‘Psicología Práctica' tener presente que "nuestro interlocutor es una persona semejante a nosotros y tiene sentimientos parecidos. Hay que decir ‘no' a la culpabilidad irracional, que se traduce en pensamientos como ‘he pensado de forma indeseable, luego soy una persona despreciable'".
Como se aprecia, uno de los componentes que más predomina ante los "sentimientos inconfesables", según Gavilán, es el sentimiento de culpabilidad que nos lleva a reprimir la expresión de esos sentimientos, y a no revelarlos ante los demás, aunque sean una simple quimera o una fantasía ubicada en nuestra mente".
Al decir del experto, el sentimiento de culpabilidad no sólo provoca alteraciones psicológicas que puede derivar en comportamientos obsesivos y compulsivos, sino que además puede llegar a perjudicar el organismo.
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En una investigación de la Fundación Santa Lucía de Roma (Italia), se ha comprobado que la culpabilidad puede dejar huellas en el cerebro a través de lesiones de diferente naturaleza, como algunas isquemias (disminución del riego sanguíneo) y microtraumas craneales.
Para llegar a esta conclusión, el equipo de científicos, entre los que se cuenta el psiquiatra Carlos Caltagiore, estudió mediante resonancia magnética funcional, a un grupo de personas sanas de entre 21 y 38 años de edad, a quienes se sometió a una serie de estímulos.
Todos los participantes desarrollaron la misma reacción emotiva activando dos áreas cerebrales, estrechamente relacionadas con la percepción, aseguran los autores del trabajo, para quienes la comprensión de las bases neurobiológicas del sentimiento de culpa, ayudará en las terapias para tratarlo y resolverlo.
Fuente: Por Omar R. Goncebat / EFE





5 comentarios
Benjamín Rivera 23 feb 2011 | 01:54 AM
Hola, interesante artículo, saludos...
abril-ale 23 feb 2011 | 04:02 AM
Hay una lección, creo que es hindú, que dice así: “El bien y el mal deben estar siempre juntos, para que el hombre pueda escoger. Y el campo de batalla, donde luchan el bien y el mal es la mente humana”
Millones de besoooos. :)
sinfonia-urbana 23 feb 2011 | 05:14 AM
hay una historia que dice a si :)
padre y hijo platican !!! y el papa le cuenta a su hijo que hay dos lobos !
uno es muy bueno ( tiene los mejore sentimientos ) ( el otro es malo y oscuro)
los dos lobos tienen hambre ???? quien crees que sobreviva ?????
le pregunta el papa a su hijo ????
no se papi dime tu ????
el papa le contesta ! sobrevivira al que tu le des de comer !!!!
besos yon !
buena semana patty ;)
Omar Tam 23 feb 2011 | 09:40 AM
Partir nada más de la premisa que nadie es absolutamente bueno y nadie es absolutamente malo. Estoy seguro que hasta la madre Teresa de Calcuta tuvo uno de esos pensamientos.
Lo que nos hace despreciables o buenas personas, son nuestros actos determinantes y no los pensamientos sobre hechos concretos intrascendentes.
Un abrazo Yon. Paz.
kilifa 23 feb 2011 | 10:52 AM
Pensar algunas cosas "fuera de lo normal", tampoco es tan malo. Eso no quiere decir que lleguemos a realizarlas.
Somos dueños de nuestros pensamientos, a veces es la única forma que tenemos de revelarnos en contra de algo o alguien. Y no pasa nada.
besos
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