Quien está en la cima tiene un distintivo del que siempre echa mano: el atractivo que da el poder.

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En el decálogo de quien está en la parte más alta de la pirámide hay un punto del que muchos echan mano: el poder es afrodisíaco.

Y quien lo ostenta, hombre o mujer, feo o agraciado, joven o viejo, sabe que tiene en su mano una llave capaz de abrir la puerta de cualquier catre.

Los episodios son tantos, y tan sonados, que cuando se trata de gobernantes llegan, incluso, a ser incorporados a la historia de los Estados.

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Bien conocida es la leyenda de Fernando El Católico que, ya viudo de Isabel, se casó con Germana de Foix, a la que le llevaba 36 años. Para cumplir con los requerimientos de su adolescente esposa, y otras amigas de la Corte, se medicó con cantárida, un insecto que produce una vasodilación parecida a la del 'viagra' de hoy.

Al parecer, esta fue la causa de la hemorragia cerebral que sufrió durante una parada que hizo camino del Monasterio de Guadalupe, para satisfacer a su fogosa Germana.

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Se sabe, también, que al enviudar María Cristina de Borbón, cuarta esposa de Fernando VII, se aliviaba con los soldados de su guardia hasta que contrajo matrimonio en secreto con uno de ellos: Agustín Fernando Muñoz, con el que tuvo muchos hijos.

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Entre las historias recientes quizá la de mayor trascendencia es la de John F. Kennedy; se dice que por su aristocrática cama pasaron cientos de mujeres, incluida Marilyn Monroe.

Bill Clinton es el otro presidente estadounidense que logró copar titulares, por cuenta de los minuciosos detalles de su relación con la famosa ex becaria Monica Lewinsky.

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Pero el diplomático dominicano Porfirio Rubirosa se lleva las palmas: Rita Hayworth, Marilyn Monroe, Ava Gardner y Zsa Zsa Gabor están en el cuadro de honor del que no se habría escapado ni Truman Capote.

Con semejantes antecedentes, palidece el escándalo que hoy amenaza con sacar del poder al primer ministro italiano Silvio Berlusconi, por sus famosos 'bunga bunga', unas sesiones desenfrenadas, de todos con todos, en las que participaron menores de edad.

Insisto en que el poder es afrodisíaco, y a quien diga que no le pido hacer un ejercicio: imaginar a todos estos poderosos, desprovistos de dinero y posición, parados en una esquina cualquiera. Todos, sin excepción, no ameritarían otra mirada. ¿La razón? Todos tienen cara de ser pésimos polvos. Hasta luego.

 

Fuente: Por: Redacción eltiempo.com