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"Cómo ser salvaje en la cama", "20 ideas para no aburrir a tu pareja en el sexo", cómo ser el mejor seductor/a".

Titulares o mensajes como éstos, los encontramos constantemente en la información que obtenemos a través de los medios de comunicación.

  

El positivo hecho de que nuestro comportamiento sexual sea un tema de reflexión y debate abierto, tiene su handicap en el terreno psicológico. Y es que, a menudo podemos interpretar estos titulares, como invitaciones a revisar de manera exhaustiva cada uno de nuestros gestos y caer en pensamientos y creencias como los siguientes:

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"Tengo que gustar siempre a mi pareja sexual", "No debo tener nunca dificultades", "Debo ser una persona creativa, con fantasías y salvaje", "Tengo que tener mucho éxito en mis relaciones sexuales para ser un hombre/una mujer de verdad"..

 

Sin embargo, ser perfeccionistas y tratar de controlar ciertos aspectos de nuestra sexualidad, es una conducta que lejos de ayudarnos nos traerá dificultades.

 

A menudo, con el esfuerzo de convertirnos en personas "perfectas y deseables", adoptamos una actitud de control que se traduce en pensamientos del estilo "estáte atento/a, que sino será un desastre", "debes tener un orgasmo o serás una frígida", "vigila o será un fracaso" y los anteriormente mencionados.

 

Y actuamos como si estuviéramos siendo espectadores de nuestra propia película X. Nos ponemos un "tercer ojo externo", a través del que nos miramos a nosotros mismos y constantemente nos hacemos preguntas como:

 

 

 

-¿Qué tal estaré quedando?¿ Lo estaré haciendo bien?

-¿Le pareceré sexy?

-¿Llegaré al orgasmo?..o lo que es peor "DEBO llegar al orgasmo"

-¿Se me verá el michelín?

 

Y es que ¿recordáis cuando en un examen, el profesor nos observaba mientras escribíamos para ver cómo lo estábamos haciendo? ¡Ésa es la situación en la que nosotros mismos nos ponemos! ¿Imposible concentrarse verdad?

 

Sin duda, el sexo requiere de una actitud relajada, despreocupada, confiada y segura, para poder seguir siendo un instinto natural y espontáneo. Y si estamos centrados en todas estas preguntas, difícilmente nos centraremos en lo que "hay que estar". Pasaremos a ser espectadores de nuestra sexualidad en lugar de actores de nuestra película.

 

¿Por dónde empezar?

 

En primer lugar empieza a cuestionarte las palabras "DEBO" y "TENGO QUE" que habitualmente usamos. O los términos extremos como "NUNCA", "SIEMPRE", "JAMÁS", "NADIE", etc. Porque éstos al revés de ayudarnos, nos perjudican y nos impiden relajarnos.

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Y porque gozar del sexo implica aceptar el riesgo de no gustar al otro, la posibilidad de hacer el ridículo, de enseñar aquellas partes de nuestro cuerpo que no nos gustan, de tener un mal día.

 

Gozar del sexo conlleva aceptar el hecho de no ser perfectos y de aprender a compartir y reírnos de nuestras dificultades. Y es que no hay sexo más libre y auténtico que aquel que es imperfecto.

 

Olvidémonos de vivir el sexo como si estuviéramos emprendiendo una carrera de cien metros lisos y empezamos a gozarlo relajadamente y con todas sus imperfecciones.

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Para terminar os recomiendo este libro de la psicóloga y sexóloga Montserrat Calvo llamado Sexualidad Atlética o Erotismo (Icaria Editorial), en el que precisamente aborda este tema de manera más profunda.

 

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