Si las mujeres son un misterio para los hombres, lo opuesto es igualmente cierto, y más aún en el plano de la sexualidad. Nuestras costumbres eróticas han cambiado, pero todavía subsisten muchos clichés. El sexólogo francés Iv Psalti ha detectado los lugares comunes más frecuentes y despeja las dudas de las mujeres.

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La sexualidad masculina en código femenino

Aunque las desavenencias sexuales entre los hombres y las mujeres tienden a desaparecer -gracias entre otras cosas a la multitud de información que circula sobre el tema-, esto no impide que ciertos misterios masculinos aún perduren, y con ellos infinidad de incomprensiones. Para evitar los malentendidos en la cama  aclaramos algunas cuestiones con ayuda de un especialista en la materia.

El amor a plena luz

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La situación: a los hombres les encantan los retozos a plena luz; a las mujeres, en cambio, nos gustan los ambientes más bien tenues, casi oscuros.

Descodificación: "El varón es esencialmente voyeur, su excitación sexual se basa en la vista más que en el tacto", recuerda Psalti. Para conseguir una erección y mantenerla el hombre necesita mucha estimulación erótica, la cual extrae de la visión del cuerpo de su compañera. "El problema es que los complejos que muchas mujeres tienen con su propio cuerpo a veces les impide disfrutar, mientras que el hombre se regocija de placer. De ahí el desencuentro", señala el especialista.

El mensaje que debemos retener: los hombres no nos miran como lo hacemos nosotras frente a un espejo -marcando cada defecto-, sino que se fijan en las partes de nuestro cuerpo que les excitan, a saber, el culo y los pechos. El consejo: déjale que te mire y te encuentre deseable, de esta manera también tú alcanzarás el orgasmo.

El amor con los ojos cerrados

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La situación: los hombres, cuando están muy excitados, cierran los ojos o meten la cabeza en el cuello de la mujer; ellas, en cambio, buscan la mirada del compañero para sentir mayor compenetración con él.

Descodificación: "Durante el sexo, el hombre tiende a experimentar uno de los sentidos menos familiares para él, el tacto. De ahí su necesidad de dejar la vista en reposo", afirma Psalti. El varón debe cerrar los ojos para poder concentrarse en las sensaciones. La otra explicación puede estar relacionada con la fantasía; cerrar los ojos le permite evocar un recuerdo muy erótico del pasado o anticipar un escenario. "La mayoría de los hombres fantasea con estar con dos mujeres al mismo tiempo, una de las cuales es su compañera y la otra alguien de su entorno", agrega el experto.

El mensaje que debemos retener: muchas mujeres se mueren por saber en qué piensa su chico... ¡Pero no hagas nada! Por un lado, todos tenemos derecho a tener secretos; por otro, si él desea hacerte partícipe de sus fantasías, elegid un momento fuera del de la intimidad para compartirlas, así las recibirlas como un ingrediente lúdico de vuestra sexualidad.

El amor en solitario

La situación: los hombres se suelen masturbar a escondidas, a veces mirando páginas porno. Esto perturba a las mujeres, que enseguida les acusan de engañarlas o de no sentirse satisfechos con ellas.

Descodificación: las virtudes de la masturbación son bien conocidas: enriquece la sexualidad y alimenta las fantasías. Para muchos hombres el apoyo visual es fundamental, de ahí el éxito de los sitios porno. La masturbación se vive como una manera de descargar. Completamente concentrado en él mismo, el hombre se libera de la presión de satisfacer a la mujer y de tener que durar. Este acto le reporta alivio y placer. Pero atención: si el varón reemplaza el acto sexual por la masturbación, entonces puede haber un problema.

El mensaje que debemos retener: muchas mujeres sentirán la tentación de hacer un seguimiento de las páginas web que visita su pareja; sin embargo, se trata de una actitud muy poco constructiva, mejor sería conversar sobre el porqué de esta necesidad o, quizá, revisar el estado de sus fantasías eróticas.

El hombre y sus emociones

La situación: las demandas sexuales de un hombre, cuando son muy frecuentes, enseguida se catalogan de "obsesiones", las cuales son rechazadas por la mujer de manera categórica.

Descodificación: "El macho no es sólo un pene", insiste Psalti. Su necesidad de mimos y ternura es real, aunque le cueste expresar sus sentimientos y necesidades más profundos. Las razones de esta incapacidad son simples y se resumen en el temor de perder la virilidad, en sentido propio y figurado. Manifestar sus emociones le exige al hombre ser receptivo y tierno, pero a los ojos de la mujer su demanda se percibe como agresiva. Ahí radica el dilema masculino.

El mensaje que debemos retener: señoras, vuestros deseos han sido satisfechos. El hombre del siglo XX ha cambiado enormemente, porque aunque siga comunicándose a través de la sexualidad, busca compartir y expresar sentimientos como el amor y la pasión.

Fuente: C. Maillard