Aunque no existe una cifra que indique "normalidad" en términos de frecuencia de relaciones, ser una "bestia sexual" tampoco es bueno. Y el exceso no tiene por qué ser signo de una vida sexual abierta. La sexóloga Catherine Solano nos da las claves.

 

 

"No existe el concepto de normalidad en materia de sexualidad", precisa la sexóloga Catherine Solano. Es diferente para cada persona. Por ejemplo, a Pedro, de 38 años y con pareja desde hace 5, le encanta hacer el amor todos los días, incluso varias veces si es posible. Y a Luisa, casada de 33 años, tres veces a la semana le bastan. Para algunas personas es una necesidad imperiosa a satisfacer por la mañana y por la noche, e incluso a lo largo del día. Para otras, con 3 encuentros al mes es suficiente...

Muchos estudios han establecido medias, aunque es mejor enfocar la relación sexual en términos de satisfacción que de frecuencia ideal. Si el ritmo es bueno para los dos y los encuentros proporcionan placer e intimidad es perfecto. ¡Ahí está el quid de la cuestión!

 

Frecuencia de las relaciones sexuales

 

 

 

"Las mujeres suelen quejarse más de la excesiva necesidad sexual del hombre", destaca Catherine Solano. Vivir con un gran consumidor de sexo no siempre es fácil. Cuando la necesidad imperiosa de hacer el amor no es idéntica, la mujer puede sentirse demasiado solicitada y, entonces, su deseo se apaga o se agota.

De responder a una demanda tan incesante, deja de encontrar el lugar y el tiempo para construir el escenario erótico que nutre su libido. La sexualidad, más que un momento de encuentro íntimo fuente de placer, pasa a ser una actividad cotidiana más. Los verdaderos maratonianos del sexo tienen ganas por la mañana, por la noche y durante todo el día... En el hueco de la escalera antes de entrar en casa, bajo una puerta cochera los primeros días de primavera... ¡Intensivo, vaya!

 

Cuando demasiado sexo mata el amor...

 

A veces hay confusión de géneros. Las dos partes no viven de la misma manera la sexualidad. No es la primera vez que escuchamos que los hombres y las mujeres son diferentes, aunque no siempre lo recordamos.  

Para algunos hombres, la sexualidad es un medio de evacuación de sus tensiones físicas. Al vivirla desde el punto de vista de la pulsión, dedica toda su energía, por lo que necesita relaciones frecuentes para sentirse bien consigo mismo. Para otros, en cambio, es una forma de demostrar su amor cuando les cuesta expresarlo con palabras. El acto sexual les permite crear un vínculo, mostrar su ternura y dejarse llevar con palabras de deseo, lo que les suele resultar difícil de expresar. 

Las mujeres viven más la sexualidad con erotismo. Aunque al principio sea muy buena una sexualidad frenética, a la larga no es lo mismo. Una mujer enamorada puede prescindir de la cantidad para centrarse en descubrir la intimidad. Explorar, conocerse mejor y quererse excita su deseo. Muy pocas veces prioriza el placer a cualquier precio. El problema reside en el hecho de que se pueda sentir más como un objeto de deseo que como una persona, un actor en su totalidad.

Cómo neutralizar la situación

Cuando la sexualidad de uno es angustiosa para el otro, hay que intentar hablarlo. "La mayor parte del tiempo, cuando las parejas vienen a mi consulta la situación está bloqueada y cada uno está anclado en su papel: él, en la demanda, y ella, en la respuesta negativa. Resultado: gran frustración para los dos".  A esto se le añade la culpabilidad de la mujer, que piensa que podría esforzarse más para no cansar a su pareja.

 

Sin embargo, forzarse no es la solución. Partiendo de la base de que ninguno tiene razón porque la normalidad no existe, la solución está en escuchar las necesidades de cada uno. Hablar es primordial para explicar lo que se siente: "no estoy seguro de que me desees", "me siento demasiado solicitada", "no me da tiempo de desearte". Él se sentirá más seguro y posiblemente también te hablará de su deseo y sus pulsiones. "A continuación, yo aconsejo una semana a cada uno", comenta la sexóloga.

Una vez se ha llegado a un acuerdo y es aceptado por las dos partes, cada uno debe sentirse libre para seguir su ritmo cada dos semanas. Es una etapa necesaria para que las dos partes reencuentren su deseo y lo vivan como quieran. 

 

Cuando las mujeres se ponen manos a la obra

 

Desde el punto de vista femenino, el fenómeno es diferente. Una sexualidad excesiva es más propia de las jóvenes generaciones y, sobre todo, en el terreno de los encuentros. Las jóvenes de hoy en día pueden seducir muy fácilmente a un hombre y a menudo se otorgan el poder en lo que a placer se refiere. "Son muy atrevidas", se quejan a menudo los hombres. Según Catherine Solano, "esto puede acarrear problemas de deseo en estos últimos", ya que sentirse acosado no tiene por qué ser estimulante... 

Por último, recordemos que el acto sexual puede ser una fuente de placer y emoción más que una toma de poder o una respuesta a nuestras pulsiones. Es el momento de reencontrarse y amarse...

C. Maillard