Si el invierno ha sido movidito... las probabilidades de que las vacaciones se conviertan en un campo de batalla aumentan. Las estadísticas demuestran que las vacaciones de verano son el desencadenante de nuevas rupturas matrimoniales. Según los expertos, 1 de cada 3 rupturas sentimentales se produce durante las vacaciones de verano.

 

 

Las vacaciones son para relajarse, divertirse y desconectar

¿Por qué las vacaciones, tan desesperadamente esperadas para desconectar de la rutina, descansar, compartir más y mejor tiempo con la pareja y la familia, terminan en la insólita e inesperada declaración del deseo de divorcio?

 En vacaciones se manifiesta todo aquello que ha estado latente durante los años de convivencia, todos los problemas que estaban ahí 'sepultados' entre toneladas de trabajo, obligaciones y demás actividades. Es como si las "dificultades del día a día como, por ejemplo, la difícil conciliación entre la vida laboral y familiar, se revelaran como problemas más profundos que no superan los periodos vacacionales".

El cambio de rutina y pasar más tiempo juntos provoca más roces y discusiones en la pareja. También permite reflexionar; para muchos es una última oportunidad que las parejas se brindan para ver si pueden solucionar sus problemas durante las vacaciones. Puede ocurrir que la pareja descubra que aún se quieren y hagan todo lo posible por arreglarlo, o que la convivencia intensa de las vacaciones agudice las dificultades y comprendan que la relación es insalvable.

Seamos optimistas; ahí van unos consejos para todos aquellos que aún quieren salvar su relación, siempre que exista una buena base de amor y respeto... Aunque no se deben idealizar las vacaciones como única solución a problemas anteriores.

Diseñar las vacaciones según las preferencias de ambos

En este caso no es recomendable ceder y dejar que el otro elija. Se debe tener en cuenta el carácter de los miembros de la pareja. Hay que buscar un viaje o distracción que se acomode a sus necesidades. Las vacaciones son sagradas para todos, debe haber consenso. Así que poneros de acuerdo en cuanto al destino y si a uno le gusta la playa y a otro la montaña, buscar un hotel en el campo rodeado de naturaleza, pero relativamente cerca de la costa y con acceso a una cala.

Desconectar de las dificultades cotidianas

Hay que evitar por todos los medios los temas espinosos, hablar de los problemas laborales y las faenas que te ha hecho tu jefe solo hará que te hierva la sangre. Está terminantemente prohibido atender llamadas de la oficina, ir con la blackberry a todas partes por si pasa algo, etc. Tampoco son temas recomendables la economía familiar, los gastos de la vuelta al cole de los hijos, cómo vamos a pagar las facturas de septiembre... ¡Carpe diem!

Fomentar la comunicación

Hablar de lo que sea, por banal y absurdo que parezca es bueno para la relación. Pero siempre y cuando sean cosas agradables. Por ejemplo, de los bien que has dormido, del día tan fantástico que hace, lo rico que está el desayuno, cuánto te apetece salir a explorar la zona...

Dedicar tiempo tanto a la pareja como a uno mismo

Lo mejor de las vacaciones es que, por fin, podéis compartir ratos de ocio y descanso con tu pareja sin prisas, así que hacedlo. Pero no olvides que cada uno necesita su espacio. Es bueno mantener una parcela exclusiva y privada para echarse una siesta, darse un baño solo, leer el periódico, tomarse un rato para cuidarse en el spa..

Incentivar la imaginación durante las relaciones íntimas

Aunque parezca antinatural y poco espontáneo, esta parcela hay que trabajarla. El cambio de escenario es una buena oportunidad para explorar nuevas vías y maneras de intimar. Atrévete a introducir nuevos juegos y elementos en tu vida sexual. Agua, helados, frutas sabrosas, lugares recónditos, un paseo bajo las estrellas...

 

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