La ausencia une los corazones que se separan. Según los investigadores, cuanto menos tiempo pasa un hombre con una mujer después de una relación sexual, más interesante la encuentra y más la desea. Lejos de las imágenes poéticas de los autores románticos, ¿el amor sería únicamente el recuerdo de un instinto animal de reproducción? Para Todd K. Schackelford, profesor de psicología del College of Liberal Arts de la Universidad Atlantic de Florida, el amor sólo sería una cuestión de competición entre machos.

 

Los celos se desprenderían de un instinto animal

 

Cuando la ausencia aumenta el deseo 

 

Los investigadores evaluaron el comportamiento de 304 hombres heterosexuales de entre 17 y 71 años y con relaciones de pareja de al menos un mes. Cada uno de ellos recibió un cuestionario en el que se les preguntaba el tiempo transcurrido desde la última relación sexual con su pareja, la cantidad de horas que habían pasado con ella tras este encuentro y los sentimientos de atracción que experimentaban por su compañera.

El equipo notó que cuanto menos tiempo pasaban los hombres con su pareja después del coito más atractiva y deseable la encontraban. De acuerdo con los investigadores, no se trata solamente de frustración sexual o de sentimientos reprimidos. Por ejemplo, un hombre que permanece con su compañera tras haber mantenido una relación sexual sentirá menos deseo la semana siguiente que el que se va inmediatamente después y está ausente varios días.

Para Shackelford, el grado de deseo sexual del hombre sería proporcional al tiempo pasado lejos de su compañera tras el último acto sexual. Este periodo de alejamiento sería para el hombre, de manera inconsciente, un lapso durante el cual su compañera habría podido mantener relaciones con otros. Cuanto más tiempo pasa el hombre lejos de su mujer, mayor sería su deseo de tener relaciones con ella para asegurarse su progenitura. Esta alegría de volver a verla no sería más que la reminiscencia de un instinto animal que le permitiría al macho dejar descendencia.

 

Cuando la naturaleza prevé la infidelidad

 

 

Esta historia estaría confirmada por algunas constataciones fisiológicas. Así, según los estudios precedentes, la concentración en espermatozoides es más importante en la eyaculación de un hombre que ha pasado mucho tiempo lejos de su compañera: se estima que el hombre que pasa un cien por cien de tu tiempo con su pareja tiene 35 millones de espermatozoides, contra más de 800 millones del varón que sólo pasa con su mujer un cinco por ciento del tiempo.

No es posible que, como lo pretenden algunas teorías, la mayoría de los espermatozoides existan sólo para matar los emitidos por un competidor. Esta noción de competición entre espermatozoides de machos diferentes ha sido estudiada en los pájaros, los insectos y los monos pero muy poco en humanos.

Con esta teoría, la explicación del deseo gana en claridad pero pierde en poesía. Esperemos, sin embargo, que los misterios del amor resistan por mucho tiempo a las investigaciones científicas.

 

D. Bême y A. Sousa