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La revolución sexual actual viene acompañada de una liberación de las costumbres, que bien podría poner en cuestión la noción de libertinaje. Visión del psicoanalista Alberto Eiguer sobre un modo de vida, que hasta ayer era símbolo del disfrute y la libertad.

Seguramente con motivo de la promesa de un estilo de vida que se sustente en una ideología a menudo proclamada: la de disfrutar de todo, la de la liberación de las obligaciones... la fascinación por el libertinaje perdura. Paradójicamente, en nuestra sociedad liberal, el libertinaje está en progresión, pero parece haber perdido el gusto de los antiguos placeres por una búsqueda de nuevos límites que superar. La consecuencia de una liberación de las costumbres: "el libertinaje de origen erudito, dirigiendo el placer al centro de su pensamiento, pierde de alguna manera sus letras de nobleza en beneficio de otras formas... más marginales". La cuestión con el psicoanalista Alberto Eiguer.

 

Libertinaje, la clandestinidad desaparece

 

 

 

La época reivindica alto y fuerte una liberación sexual donde las prácticas de ayer, todavía clandestinas o reservadas a determinadas formas de libertinaje, han pasado a quedar banalizadas. Intercambio de parejas, fetichismo, sadomasoquismo, tríos... ocupan los titulares de los periódicos.  Se abren numerosos clubs, para todas las tendencias sexuales posibles. Internet ofrece la posibilidad de encontrar una pareja deseosa de prestarse a ciertos juegos o situaciones. El nuevo código penal no tiene nada que objetar a la sexualidad entre adultos que lo consienten, a sus formas y a sus variantes.

El libertinaje erudito

 

 

Los libertinos son los herederos del hedonismo. Una corriente de eruditos libres y pensadores que se sostiene en una filosofía proclamada: la de disfrutar de todo, liberarse de las obligaciones y la de la futilidad de cualquier atadura. En su forma más "simple", el libertino se autoriza a llevar el placer hasta el final, el centro de su búsqueda. El sentirlo y compartirlo con una pareja resulta estimulante. ¡Obtenerlo es gratificante! Puede enamorarse de las personas con las que tiene intercambios eróticos, pero esas relaciones duran poco tiempo. En realidad, teme que la vida erótica pierda su atractivo e intensidad y, por ello, se aleja de sus conquistas sin remordimiento. ¡Recordemos que este tipo de vida, ya antiguo, ha jugado un importante papel en la liberalización de las costumbres en occidente!

 

 

El libertinaje encuentra un entusiasmo creciente, "pero parece desarrollar nuevas orientaciones creando en sí mismo neonecesidades", precisa el psicoanalista Alberto Eiguer. La clandestinidad jugaba un papel esencial en el placer que buscaban ciertas prácticas. La laxitud favorizada por la banalización del libertinaje podría desencadenar un efecto perverso en la aparición de nuevas formas que navegan entre lo pintoresco y lo dramático: fiestas neofetichistas, reuniones góticas, misas vampíricas.

 

Libertinaje y perversión

 

 

 

Añadida a la banalización del sexo, la crisis del vínculo que atraviesa la época ya no presenta incidencias. "Puede priorizar determinados desvíos sexuales como una práctica del libertinaje, pero de tipo perverso, esta vez, con una inclinación hacia el exceso y el gusto del vicio", previene el psicoanalista. Y por tanto, sobrepasa los rasgos del libertinaje que, ya en su origen, no son muy propensos a introducirse en una relación de pareja estable y a compartir una vida de dos.

El nuevo deseo del libertino perverso que se entrega a una sexualidad desenfrenada donde domina la noción de libertad y novedad se ha hecho urgente, y provoca una febrilidad creciente: "no soporta ser diferente siempre que la esperanza de realización exista", añade Alberto Eiguer.

En el altar de su deseo, la astucia y la mentira están autorizadas. Incluso se pueden poner como iniciadores del disfrute, y precipitar a sus parejas a prácticas que se considera que les abren las puertas a un placer inédito. Este libertino en realidad esconde un perverso narcisista, que intenta crecer en detrimento de la estima de su pareja. Más que una pareja, utiliza la sexualidad para manipular, que más bien está encubriendo un discurso tintado de libertinaje.

 

Libertinaje y adicción

 

 

El libertinaje también puede inclinarse hacia una forma más bien "frustrada", cuyo objetivo esta vez no es tanto la búsqueda del placer, sino más bien el intento compulsivo de subsanar un sentimiento de pérdida o abandono. "Su comportamiento puede asimilarse al de un tóxico, más comúnmente llamado adicción", precisa el psicoanalista. En realidad, llevan a cabo una caza casi desesperada, demostrando una angustia muy fuerte que intentan calmar a través del encuentro sexual.

Los libertinos, tienen en común la multiplicidad de encuentros, una vida erótica donde se desarrollan aproximaciones inéditas de excitación y satisfacción. Estas visiones paralelas ofrecen varios argumentos para burlarse de los prejuzgados. Sin embargo, en la versión frustrada del libertinaje, el placer no es central, se ve pocas veces en las citas. Ante todo, lo que está en juego es el efecto calmante y tranquilizador del sexo.

En resumen, podría resultar necesario un retorno a los orígenes del libertinaje. Parece un paso obligado para encontrar el gusto de un lenguaje impregnado de sensualidad, alabando las virtudes de la voluptuosidad y los encuentros pícaros.

 

C. Maillard