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Las fantasías eróticas se inician en la niñez o la adolescencia y cumplen un papel importante como inductoras o potenciadoras de la excitación sexual, como armas para combatir la rutina y como ensayos imaginarios de situaciones y conductas que no son posibles, bien porque no se encuentran a nuestro alcance, bien porque el código social o nuestro propio código moral nos prohíben llevarlas a la práctica.
El hecho de que alguien se recree en una determinada fantasía sexual no presupone que desee llevarla a la práctica. De hecho, con frecuencia el traslado de la fantasía a situaciones reales no proporciona el resultado esperado y se convierte en una experiencia decepcionante o incluso desagradable, con lo que además pierde todo su valor erótico como fantasía. No obstante, poder discutir las fantasías abiertamente resulta ventajoso en muchos aspectos, siempre que sea posible y no comporte problemas.
La función inductora o potenciadora de la excitación sexual de las fantasías es, tal vez, la más estudiada y la más interesante de cara a la vida de pareja. Es de sobras conocida la estrecha relación entre el impulso sexual y las fantasías. Frecuentemente las personas con pocos deseos eróticos son quienes menos fantasías sexuales tienen.

El deseo sexual es el producto de una serie de estímulos que, si no son vividos eróticamente, pierden su capacidad de atracción. En cuanto al contenido de las fantasías eróticas, encontramos más semejanzas que diferencias entre hombres y mujeres. Hallamos numerosos temas comunes, desde la simple sustitución de la pareja habitual, a complejos guiones en los que el personaje central, uno mismo, es sometido o somete a otros a complicadas prácticas sexuales, o bien al contrario, mantiene relaciones idílicas en condiciones absolutamente ideales y paradisíacas. También la frecuencia de aparición de las fantasías se ha ido igualando entre los dos sexos.
Las fantasías sexuales no conllevan ningún problema siempre que el que las tenga no se preocupe ni avergüence por ellas y siempre que sean usadas para mejorar la realidad, no para excluirla.La diversidad de estímulos que pueden llegar a resultar atractivos para la persona es muy grande. Estímulos que nos alcanzan a través de todos los sentidos, como un contacto físico, una invitación verbal o una atracción visual que puede ser tan imperceptible y al mismo tiempo compleja como una mirada, un gesto o la leve insinuación de una parte del cuerpo.

En ocasiones, la tentación no proviene del exterior. Nuestra imaginación y fantasía o nuestra capacidad de evocación pueden traer a nuestra mente escenas que constituyan por sí mismas un estímulo sexual. En otras ocasiones, el estímulo ni siquiera va a ser originariamente sexual. El roce de los genitales contra la ropa, el traqueteo del autobús, el frotamiento durante la higiene diaria también pueden ser causa de excitación sexual. Y esta excitación puede darse en circunstancias no deseadas, como en una reunión importante o tomando el sol en la playa.
Cualquiera de estos estímulos originará en nuestro cuerpo una reacción consistente en una serie de cambios fisiológicos que denominamos respuesta sexual. Estas variaciones se producen a partir de la activación de un complejo sistema de reflejos automáticos que están controlados por el cerebro. Pero no controlados voluntariamente, sino a través de unos centros primarios que funcionan de forma autónoma.
Un poco de ansiedad puede ser excitante

Durante años se ha afirmado que la obtención de un mayor estímulo y, se supone, una mejor respuesta se da en aquellas situaciones en las que reina un estado de tranquilidad y relajación óptimo. Parece evidente, sin embargo, que algunas personas se excitan igual o incluso mucho más en situaciones de gran ansiedad.
Algunas investigaciones han hallado interesantes relaciones entre la ansiedad y la respuesta sexual, de modo que la respuesta sexual mejora cuando el estímulo va asociado a una situación productora de ansiedad. A dos grupos de hombres se les pasó una película erótica mientras se medía su respuesta erectiva. A un grupo se les dijo que si no respondían adecuadamente (con una buena erección) recibirían muy probablemente una descarga eléctrica. El otro grupo no fue amenazado.
Curiosamente, obtuvieron mejores erecciones los hombres del grupo amenazado que los que vieron la película tranquilamente.
Hay que decir que los resultados se invirtieron cuando el experimento se repitió con hombres que padecían problemas de erección. En conclusión, aunque aún no hemos acabado de comprender el complejo mecanismo de conexión, parece evidente que la relación entre ansiedad, estímulo y respuesta sexual existe
Fuente: Visto aquí





6 comentarios
abril-ale 12 nov 2011 | 01:56 AM
Te dejo un millón de abrazoooooos. :D
fenicia 12 nov 2011 | 12:28 PM
Féliz findeeee!!
americahb 12 nov 2011 | 08:04 PM
Interesante, un poco de fantasia no le hace mal a nadie , soy de la que piensan que le dan salero a la vida y agregan un punto mas a la pareja, pero eso es solo la opinion de una hechicera, jajaja
un beso repleto de fantasias inquietantes
Gia
yon Khauss 13 nov 2011 | 02:55 PM
Ale:
¿Y tu comentario?
Un millón de abrazos
Yon
yon Khauss 13 nov 2011 | 02:56 PM
Feni:
Gracias por tu visita y que goces este fin de semana.
Un abrazo monumental
Yon
yon Khauss 13 nov 2011 | 03:01 PM
Gia, mi hechicera de cabecera:
Debes ser una maga en las fantasias, que sería una brujita sin ellas, son inherente a su ser. Algún día, ojalá dercano, nos cuentes algunas de ellas, deben ser fascinates.
Te retorno un poco de mis fantasias, con mil abrazos incluidos.
Yon
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